El color de la pérdida

Muchas circunstancias, muchos cambios, muchos sinsabores, y poco color ha habido durante este largo periodo que he estado sin sentarme a escribir, precisamente por todo lo anterior.

Y entre todas esas circunstancias, cambios y sinsabores ha habido también algunas pérdidas.

La pérdida es algo que me ha acompañado desde el inicio de mi vida, pérdidas inconscientes, en todo caso, pero que han ido sembrando el camino de lo que uno llega a convertirse cuando la razón le sobreviene y ahí las pérdidas empiezan a tener otro cariz y a ser sentidas y a producir emociones y reacciones, en mi caso, he de decir, siempre racionales, o eso creo, pero no exentas de consecuencias.

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Bien es sabido que la pérdida en nuestra cultura, al menos en la mía, está manifestada por un color, el negro, ese que me identifica y al que recurro, bien sea porque no distingo la mayoría de los demás colores, bien sea porque es el color que he visto en mi casa desde pequeño y que me ha acompañado en cualquiera de las situaciones más o menos relevantes de mi devenir. No mentiré, ahora lo disfruto, lo busco y todo lo que no sea negro me produce cierto reparo.

Como ya he dicho y tras un camino lleno de pérdidas, hayan sido en la cuna, en la infancia, en la adolescencia, en la juventud o en la madurez, hayan sido de carácter personal, material, de confianza, de oportunidades, de seguridad, de respeto, o de cualquier circunstancia relacionada con el más puro egoísmo o egocentrismo, para qué ser hipócrita, este último periodo ha estado marcado por la pérdida y como no por el refugio en su color, el negro.

En este camino se han quedado familia, amistades, salud, inversiones, ilusiones, apuestas, compañías y estoy harto de no poder quejarme porque haya muchos, muchísimos, innumerables que estén en circunstancias peores, pero hoy voy a ser egoísta y voy a aprovechar que me construí este altavoz para gritarlo.

Los optimistas dirán que para que haya una pérdida, antes debe haber un encuentro, cierto es, les doy la razón y afortunadamente tantos los encuentros que he ido teniendo a lo largo de mi trayectoria, como aquellos que recientemente me ha venido y que hoy día aún permanecen conmigo, mitigan en gran medida las sensaciones de pérdida.

Eso sí, apelando una vez más a mi racionalidad, a pesar de mi refugio oscuro y dado que mi vida, por desgracia, ya no va a paso de tortuga, tengo como poco cinco razones que hacen que las pérdidas cambien de color, ahora me tocará adivinar cuál es o mejor, ya que por suerte siempre estás ahí, te lo preguntaré y así no me equivoco.

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